25 de noviembre: Que nadie te corte las alas


Hace tiempo publiqué aquí la primea “carta a un maltratador”, esta es la segunda que escribí. Disfrutadla.

Salamanca, 2 de mayo de 2005

Querida amiga:

<Plaff> Sé que es una onomatopeya de tebeo, pero no se me ocurre nada mejor para describir ese sonido.

<Plaff> Ese ruido que suele ir acompañado de un angustioso quejido.

<Plaff> ¿Se te ocurre alguna forma mejor para decir bofetada? Porque detrás de cada bofetada hay un todo.

<Plaff> Ese sonido que deja la cara roja y dolorida, a veces deja la marca de la mano impresa, a veces el rostro hinchado.

<Plaff> <Catapum> <Crash> <Pum> Tras ese sonido, un alma atormentada abandona un cuerpo. Cuerpo que yace inerte en la cocina, cuya batalla por vivir ha terminado en manos de quien amaba.

<Chof> Es el sonido de sus pisadas en suelo húmedo y rojizo.

<Plaff> Es el sonido que me obliga a tirarme al suelo, porque está rojo de ira: «Mira, lo que me has obligado a hacer», exclama, sin razón alguna, a mi madre.

<Ras> Es el sonido de mi ropa desgarrándose, mientras, reptando, intento escapar.

<Sob> <Sniff> <Buaa> Son los sonidos que producía yo con mi cara inundada, llorando de infelicidad e impotencia, roja de rabia mientras estaba encima de mi cuerpo resignado.

<nino-nino-nino> Es el sonido de las sirenas dirigiéndose a casa.

«¡Fue un accidente! ¡Yo no he hecho nada!» Dice mi padre mientras las esposas le retienen y la policía se lo lleva.

«A mí no me ha hecho nada» son las palabras que, sorprendentemente, salen de mi boca. Siete palabras que todavía hoy retumban en mi cabeza. Siete palabras de las que me arrepentiré el resto de mi vida.

«¿Seguro?» Me dice una mujer, con tono suave y delicado, con uniforme, queriéndome transmitir una sensación de sosiego, para que tenga el suficiente valor, o confianza, para contarle lo que él me hizo.

«Seguro» Digo. No he podido contarlo. Esa mujer no me comprendería. No soy nada.

<Groag> Es el sonido de mi desagüe. Desagüe que se traga, junto con el agua, todo resquicio de mis sueños y esperanza. Y yo veo como todo ello se pierde, y sufro, sufro por lo que no pude evitar y por lo que no tuve valor de denunciar. Mi madre muerta, yo violada, pero sólo le condenan por lo primero, porque yo no denuncié aquello que me avergüenza. Hice lo que no debí hacer.

Ya han pasado muchos años desde aquel momento. Por eso, te escribo, conozco tu situación. Somos amigas. Haz lo que yo no hice. Haz lo que mi madre hizo justo antes de morir: llama a la policía, no lo calles. Denúncialo antes de que sea demasiado tarde. No permitas que nadie te corte las alas. Que nadie te impida ser feliz. Sólo espero que esta carta no llegue demasiado tarde. Recuerda que no estás sola, no lo estás…

Besos

Tu amiga

Acerca de Albertini
Auxiliar de enfermería, monitor de tiempo libre, barítono, teatrero y ante todo friki. Me considero un blogger muy activo ya que escribo y

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